LLego a casa y me encuentro con esta contraportada:

Obviamente la firma Carmen Rigalt. En el extenso texto la periodista divaga sobre el fanatismo que se ha creado sobre esta personalidad, cuyo gran mérito es conseguir que nadie sepa a qué se dedica cuando no está de vacaciones.
Es un texto que aconsejo encaradecidamente leer, del que destaco frases como "Lomana no es una ideología, pero ha inspirado el culto al lujo y ejerce de bálsamo de masas".
Pero es que, como dice Rigalt, los intelectuales a la mesa ya no se llevan tanto. Ahora se prefiere gente con título o logotipo.
¿Y quién mejor que Carmen Lomana como estandarte?
Aunque, el término del "lomanismo", señorita Rigalt, es algo que llevamos oyendo hace meses, muchos meses. Lamentablemente no ha acuñado ningún nuevo término.
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